Somos personas, nos relacionamos, y en el desarrollo de estas relaciones surgen los conflictos. Aunque no son deseables, los conflictos, tanto en la actividad profesional como en la vida personal, aparecen, quizá con demasiada frecuencia, y en la medida en que seamos capaces de gestionarlos correctamente nos diferenciaremos como equipo y como personas, aseguraremos nuestro progreso personal y profesional, mantendremos un ambiente a nuestro alrededor apacible y, muy importante, aseguraremos la satisfacción de nuestros compañeros, de nuestros seres queridos, de nuestros clientes, que sin duda alguna reciben el impacto de una mala gestión de nuestros conflictos.
“Mi jefe me tiene amargado”, “este incompetente me perjudica” y frases por el estilo todos las hemos dicho o escuchado decir en alguna ocasión. Son conflictos del día a día ante los que generalmente no sabemos reaccionar con eficiencia. Dado que no hay dos conflictos iguales, se puede aprender a gestionarlos, a afrontarlos, enfocarlos… pero no a resolverlos con una única fórmula. En el entorno profesional, la principal fuente de problemas viene dada por el choque entre estilos de liderazgo anticuados y las necesidades de cambio de una organización.
“El único cambio que el ser humano acepta de buen grado es el cambio de pañales”. Pascual Montañés.
Antes, por lo general, teníamos un perfil más sumiso y tal vez menos cualificado, por lo que se tendía a aceptar cualquier decisión “que venía de arriba”, de ahí que muchos profesionales estén acostumbrados al estilo ordeno y mando. Por lo general, aún hoy, solemos responder ante el conflicto con el silencio, con lo que el problema se enquista y se va manifestando sucesivamente, por ejemplo, con hechos que no nos podemos permitir bajo ningún concepto: el abandono deportivo o la fuga de profesionales valiosos.
Existen una serie de pautas muy útiles para evitar los conflictos siempre que se pueda o bien gestionarlos con eficacia, partiendo de la base de que el conflicto es inherente a la naturaleza humana y que precisamente nos distinguiremos y creceremos, personal y profesionalmente, en la medida en que seamos capaces de resolverlos satisfactoriamente.
Existen SIETE REGLAS DE ORO:
1- Sacar a la luz los conflictos latentes, los potenciales o los que estén soterrados
2- Escuchar de forma activa a los implicados en el conflicto
3- Favorecer el diálogo entre las partes implicadas
4- Centrarse en hechos y acciones, no en personas y descalificaciones
5- Buscar soluciones imaginativas
6- Delimitar y minimizar el conflicto
7- Recurrir al humor
Algo bueno tenían que tener los problemas: constituyen una excelente herramienta de conocimiento, ya que aprender de ellos nos permitirá afrontarlos con mayor soltura si vuelven a aparecer y, por tanto minimizarlos.
En los tiempos en que vivimos, en el ámbito laboral se extiende la indefinición del puesto de trabajo, en la que las descripciones de los puestos de trabajo y sus respectivas tareas en ocasiones tienen límites ambiguos, los responsables tienen y tenemos mucho que decir, trazando el rumbo de nuestros equipos con directrices de trabajo claras, ilusionando o, como mínimo, no desmotivando (os recomiendo la lectura del libro “En busca del Lovework, más allá de la motivación y el liderazgo”, de Joan Elías y David Elías”.
Os propongo la siguiente metodología para la solución de problemas:
Fase 1: Preparación.
Diseñar este proceso de forma que las partes:
- se comuniquen
- se traten con respeto en un plano de igualdad
- aborden los problemas principales con una actitud comprensiva hacia las
necesidades e intereses legítimos del otro
- presenten nuevas ideas para desbloquear situaciones y elaborar acuerdos duraderos
Fase 2: Negociación.
- El lugar de encuentro: puede ser útil llevar a las partes implicadas a un ambiente nuevo, si es un lugar donde todos nos sentimos extraños, enseguida tendremos más cosas en común entre nosotros.
- La mesa de negociaciones: los protagonistas del conflicto deben enfrentarse al problema común, y no entre ellos, de modo que las partes se sentarán en ángulo recto y no unas frente a otras, a ser posible en una mesa redonda, donde las posiciones de autoridad son menos claras.
- La presentación de un conflicto: presentar el conflicto como una oportunidad de mejora y aprendizaje cuya solución depende de que las partes se responsabilicen.
- Las presentaciones de las partes:
antecedentes de la disputa
cómo surgió el problema
cómo afecta a las partes
por qué les afecta de ese modo
cómo les gustaría que sucediera a partir de ahora
Fase 3. Comunicación
La comunicación bilateral: para que la comunicación sea efectiva tiene que suscitar una respuesta recíproca de las partes. Los factores de una buena comunicación bilateral son los siguientes:
Que las partes escuchen con atención
Que hablen con claridad y determinación
Una actitud abierta a presentación de información y nuevas ideas
Disposición a dejarse persuadir
Aceptar a la otra parte como igual
Fase 4. Necesidades
Establecer los intereses y necesidades. A partir de esta etapa, la razón empieza a imponerse poco a poco. El proceso sería así:
- Las posiciones ocultan las necesidades reales
- Ver qué hay detrás de las posiciones para intentar descubrir los intereses y
las necesidades.
- Descubrir los intereses ocultos tras las posiciones
- Si existe una regla de oro para comprender y resolver un conflicto es
aquella que dice que se debe hablar siempre de necesidades e intereses, no
de posiciones
- Reconocer las necesidades humanas
- Como el conflicto es una amenaza, las necesidades ajenas se ignoran con muchísima
facilidad
- Distinguir los problemas de las relaciones
- Lograr que cada parte pueda separar sus sentimientos del problema que las enfrenta
- Separa los hechos de las percepciones subjetivas de cada uno.
Fase 5. Generar ideas
Generar ideas para resolver los problemas:
- Las partes anotan las ideas que se les han ocurrido hasta el momento
- Si hay varias soluciones posibles, las partes deben evaluarlas en privado
- Si es necesario, pensar más la solución o buscar más información pero atentos
para no perder el impulso del proceso
- Pensar en el futuro y preguntarse cómo se podría transformar la situación en un
plano ideal
Fase 6. Acuerdo
Determinar una propuesta de trabajo y formalizar un acuerdo:
- Las partes desarrollan un plan para llevar a cabo la propuesta que mejor
satisfaga a las posturas implicadas
- Es fundamental que se formalicen los acuerdos y se mantenga un adecuado control y
seguimiento sobre los mismos
Como indica la regla número siete, recurrimos al humor para terminar este artículo:
“Mientras los amigos vienen y van, los enemigos se acumulan…” Grouxo Marx
jueves, 18 de marzo de 2010
jueves, 25 de febrero de 2010
Decálogo de la Iniciación Deportiva
“No trates de convertirte en un hombre de éxito, sino más bien, en un hombre de valores”. Albert Einstein.
En el marco de la asignatura “Tecnologías de la Información y las Comunicaciones aplicadas a la Actividad Física y el Deporte”, de primer curso del grado Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la Universidad Autónoma de Madrid, nace esta bitácora digital con la voluntad y el propósito de promocionar y divulgar contenidos relacionados con esta materia, con la ilusión y el deseo de que resulte de interés y ayuda tanto a mis compañeros y compañeras de viaje, como a todas aquellas personas que vayan a dedicarse o se dediquen ya profesionalmente a esta actividad, así como a cualquier persona interesada en el deporte como vía de desarrollo humano y mejora continua, aspectos que en mi opinión constituyen la verdadera esencia del deporte.
Desarrollo cognitivo y acción van de la mano, así pudo demostrarlo Jean Piaget, el célebre psicólogo suizo, quien admitía estar “irremediablemente enfermo de curiosidad”, y cuyos descubrimientos devinieron claves para el desarrollo de la actividad física y el deporte como ciencia: el conocimiento se va desarrollando a lo largo de un proceso en el que el niño, a través de la acción, interactúa con su medio, esto es, la acción como nexo relacional entre el sujeto cognoscente y el objeto de conocimiento. Los niños exploran, juegan, prueban, eligen, desechan, corrigen, descubren… en definitiva, van construyendo, como pequeños científicos, su conocimiento del mundo. Acción y conocimiento.
Cuando una niña o un niño se inician en un deporte lo que realmente persiguen es jugar, divertirse. Conviene recordar que el deporte es juego, una de las acepciones de la forma latina “deportare” significa precisamente divertirse, recrearse. Más tarde, con la progresión del niño en ese deporte, llegará la competición, que podrá ser beneficiosa o perjudicial, en función de cómo lo vivan, no los propios niños, sino sus padres, que son el punto de referencia de los hijos, quienes a su vez aprenden no de lo que dicen sus padres sino de lo que hacen.
“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás, es la única”. Albert Einstein.
Es el Deporte sin duda una Escuela de Vida, y como sucede en todas las escuelas, la calidad de la enseñanza va a depender del profesor o profesora, del maestro o la maestra. Un buen profesor, un buen entrenador, difícilmente se olvidan, uno malo tampoco.
Por tanto, padres y profesores, profesoras y madres, van a resultar absolutamente claves para que la experiencia del niño en la práctica deportiva constituya una vivencia enriquecedora y duradera: estamos pues ante una responsabilidad de gran magnitud.
Mientras buscaba con mis compañeras y compañeros información para la elaboración de un trabajo en equipo sobre la educación en valores a través de la iniciación deportiva, he encontrado el Decálogo de la Iniciación Deportiva que seguidamente transcribo. Se trata de un compendio de las diez reglas o consideraciones más sustanciales para este momento tan importante en la vida de los niños y niñas, que profesores y profesoras, padres y madres, debemos grabar a fuego en nuestra mente, colocarlo en un lugar fácilmente visible donde podamos leerlo con frecuencia, para que no se nos olvide, dado que se trata de los diez principios básicos que debemos tener siempre presentes cuando trabajemos con escolares:
1. Derecho de practicar, disfrutar y gozar de la competición.
2. Derecho de ser tratado como niño o adolescente.
3. Derecho de ser entrenados por personas cualificadas.
4. Derecho de ser atendido con la misma dignidad e interés, independientemente del talento, capacidad o resultados de la competición.
5. Derecho de no ser explotados, buscando aptitudes precoces.
6. Derecho de competir con reglamentos adecuados a las necesidades específicas de los jóvenes.
7. Derecho de competir con jóvenes de su edad.
8. Derecho a que se respeten los principios pedagógicos, didácticos, metodológicos y de entrenamiento.
9. Derecho de descubrir sus propios aprendizajes.
10. Derecho de no ser campeón.
Decálogo (basado en Martens, 1989 y Wein, 1995) extraído del libro “Fundamentos básicos de la Iniciación Deportiva en la Escuela”, de F. Javier Giménez Fuentes-Guerra, Ed. Wanceulen, 1997.
En el marco de la asignatura “Tecnologías de la Información y las Comunicaciones aplicadas a la Actividad Física y el Deporte”, de primer curso del grado Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la Universidad Autónoma de Madrid, nace esta bitácora digital con la voluntad y el propósito de promocionar y divulgar contenidos relacionados con esta materia, con la ilusión y el deseo de que resulte de interés y ayuda tanto a mis compañeros y compañeras de viaje, como a todas aquellas personas que vayan a dedicarse o se dediquen ya profesionalmente a esta actividad, así como a cualquier persona interesada en el deporte como vía de desarrollo humano y mejora continua, aspectos que en mi opinión constituyen la verdadera esencia del deporte.
Desarrollo cognitivo y acción van de la mano, así pudo demostrarlo Jean Piaget, el célebre psicólogo suizo, quien admitía estar “irremediablemente enfermo de curiosidad”, y cuyos descubrimientos devinieron claves para el desarrollo de la actividad física y el deporte como ciencia: el conocimiento se va desarrollando a lo largo de un proceso en el que el niño, a través de la acción, interactúa con su medio, esto es, la acción como nexo relacional entre el sujeto cognoscente y el objeto de conocimiento. Los niños exploran, juegan, prueban, eligen, desechan, corrigen, descubren… en definitiva, van construyendo, como pequeños científicos, su conocimiento del mundo. Acción y conocimiento.
Cuando una niña o un niño se inician en un deporte lo que realmente persiguen es jugar, divertirse. Conviene recordar que el deporte es juego, una de las acepciones de la forma latina “deportare” significa precisamente divertirse, recrearse. Más tarde, con la progresión del niño en ese deporte, llegará la competición, que podrá ser beneficiosa o perjudicial, en función de cómo lo vivan, no los propios niños, sino sus padres, que son el punto de referencia de los hijos, quienes a su vez aprenden no de lo que dicen sus padres sino de lo que hacen.
“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás, es la única”. Albert Einstein.
Es el Deporte sin duda una Escuela de Vida, y como sucede en todas las escuelas, la calidad de la enseñanza va a depender del profesor o profesora, del maestro o la maestra. Un buen profesor, un buen entrenador, difícilmente se olvidan, uno malo tampoco.
Por tanto, padres y profesores, profesoras y madres, van a resultar absolutamente claves para que la experiencia del niño en la práctica deportiva constituya una vivencia enriquecedora y duradera: estamos pues ante una responsabilidad de gran magnitud.
Mientras buscaba con mis compañeras y compañeros información para la elaboración de un trabajo en equipo sobre la educación en valores a través de la iniciación deportiva, he encontrado el Decálogo de la Iniciación Deportiva que seguidamente transcribo. Se trata de un compendio de las diez reglas o consideraciones más sustanciales para este momento tan importante en la vida de los niños y niñas, que profesores y profesoras, padres y madres, debemos grabar a fuego en nuestra mente, colocarlo en un lugar fácilmente visible donde podamos leerlo con frecuencia, para que no se nos olvide, dado que se trata de los diez principios básicos que debemos tener siempre presentes cuando trabajemos con escolares:
1. Derecho de practicar, disfrutar y gozar de la competición.
2. Derecho de ser tratado como niño o adolescente.
3. Derecho de ser entrenados por personas cualificadas.
4. Derecho de ser atendido con la misma dignidad e interés, independientemente del talento, capacidad o resultados de la competición.
5. Derecho de no ser explotados, buscando aptitudes precoces.
6. Derecho de competir con reglamentos adecuados a las necesidades específicas de los jóvenes.
7. Derecho de competir con jóvenes de su edad.
8. Derecho a que se respeten los principios pedagógicos, didácticos, metodológicos y de entrenamiento.
9. Derecho de descubrir sus propios aprendizajes.
10. Derecho de no ser campeón.
Decálogo (basado en Martens, 1989 y Wein, 1995) extraído del libro “Fundamentos básicos de la Iniciación Deportiva en la Escuela”, de F. Javier Giménez Fuentes-Guerra, Ed. Wanceulen, 1997.
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